Presentación


La Península Ibérica constituye, para quienes amamos el cultivo de lo excéntrico, un paraíso insólito y una espléndida reserva natural de las extravagancias. Hablamos de los aspectos más vistosos de la imaginería festiva y popular, en todos sus múltiples variantes, que son casi infinitas: el mundo de los gigantes y cabezudos, las arcaicas tradiciones de máscaras que aún perviven, las fiestas singulares de viejo o nuevo cuño, los toros, la Semana Santa, los Diablos, las Fallas, los animales que escupen fuego, las fiestas de Moros y Cristiano, los Rastros, y un largo etcétera de singularidades sin fin.

En pocos lugares del mundo se conservan tal cantidad de ocurrencias populares, de raíces centenarias o simplemente acabadas de inventar, que tienen que ver con el mundo de la fiesta y de las imágenes, y que cuentan con una participación masiva de gente, la local y la de afuera. Una riqueza que se halla además protegida por las administraciones, que la ven como fuente segura de ingresos e inversiones, y que encuentra en el turismo su mayor empuje y justificación.

Es el Festival de las Extravagancias que compiten entre sí para asegurar e imponer cada una su singularidad, que es tanto como decir ‘su riqueza’. A nadie molesta esta exacerbación de lo distintivo, por el contrario, interesa y hace partícipes a todos, ricos y pobres, autoridades y pueblo, funcionarios y ciudadanos desamparados, empresarios y trabajadores, civiles, guardias y militares, pues el disfrute de la extravagancia une sin distinción al común de los mortales.

Si sumamos al cuadro de las excentricidades festivas las demás singularidades del entramado peninsular, culturales, sociales y políticas, el resultado es la imagen de una burbujeante taracea que nos lleva al dinámico Mosaico Ibérico: un poderoso, único y vivo laboratorio de las diferencias.

Para abordarlo, hemos seguido dos procedimientos. Primero, la maravilla: dejarnos sorprender por el impacto de los eventos, sin buscar más explicaciones racionales e históricas que las justas y necesarias para entenderlos. Ni somos antropólogos ni folcloristas ni historiadores de la cultura, sino simples observadores que, acostumbrados al quehacer titiritero, buscamos el secreto poético y creativo de este fantástico dispendio de la imaginación humana.

En segundo lugar, procedemos con una mínima clasificación que nos parece útil para encauzar el caos variopinto del Mosaico Ibérico, con el capítulo inicial 'Entre la Vida y la Muerte', que nos habla de una de las temáticas más importantes que recorre el conjunto, el relativo a la muerte y a la resurrección de la vida, y que en cierta manera podría encabezar la totalidad de los capítulos, pues lo que no se centra en el morir se centra en la exaltación del vivir. Pero hemos preferido acotar los capítulos según temáticas claras que nos permitan atravesar el laberinto sin excesiva confusión.

Al final, nos atrevemos a pensar sobre el viaje efectuado, a modo de conclusión reflexiva de cómo el fervor por la diferencia despierta el fervor por la unión, pues ¿qué otra cosa puede unir más a las personas si no es la pulsión por la libertad de ser diferentes?

El Mosaico Ibérico continúa el trabajo que Toni Rumbau inició con Rutas de Polichinela. En ambos, se persigue el mismo objetivo: mostrar como el mapa de las diferencias junta ideas y une a las personas. Primero fue Polichinela, este arquetipo europeo de rebeldía y libertad que con caras, nombres e historias diferentes, habla en toda Europa un mismo lenguaje. Se centra ahora el autor en el laberinto de las ocurrencias festivas, ese común denominador que recorre la Península Ibérica.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Los Encantes de Barcelona

Els Encants, año 1946 Lejos del centro pero accesible al público. La historia de los rastros es la historia de cómo la sociedad ac...