sábado, 31 de marzo de 2018

El acoso de la apariencia y la timidez de lo invisible


Centrarse y auscultar la infinita riqueza de imágenes, figuras, sonidos y ocurrencias que constituyen el contenido de este Mosaico Ibérico, plantea el peligro no sólo de perderse en la frondosidad del bosque sino de quedar sepultado por el imperio de la apariencia que con sus imágenes de impacto nos asalta. Frente a este acoso de la incontinencia popular en el desarrollo de la imaginación y de la creatividad figurativa, debemos oponer los oportunos muros de resistencia, los filtros adecuados y un inevitable arrojo en el descarte, la selección y el enfoque. Pues no todo vale.

Museu de les Fogueres, Alicante.

Ante el citado acoso de la apariencia, es imprescindible darnos cuenta de la extrema timidez de lo que no se deja ver, de lo que se esconde tras la forma, de lo invisible que asoma por los intersticios de la fachada. De pronto, el griterío deja de interesarnos y nos llama la atención lo que balbucea desde el silencio, en la oscuridad de los rincones apartados, la trama que se esconde debajo de las superficies brillantes y barrocas, el tejido dinámico inaprensible que configura lo que se da y se ofrece al público.

Para nosotros, tan importante es la apariencia brillante de lo que se ve, como la densidad invisible de lo que no se deja ver. En realidad, prima más lo segundo que lo primero, pues lo vistoso dispone hoy de infinitud de escaparates, gracias a esta industria llamada Turismo que sin producir nada, pesa tanto en la economía de las sociedades. Mientras que lo invisible, por su taimada timidez congénita, obliga a tenaces ejercicios de búsqueda e inspección, para descubrir lo que la apariencia nos oculta.

Por supuesto que lo invisible no facilita su estudio. Ni permite descripciones objetivas ni se deja clasificar por el clasificador de turno. Nos obliga a acercarnos con la misma timidez con la que se escabulle, con paso discreto e indirecto, siempre por el lado y desde ángulos oblicuos. A lo que más se presta es a dejarse imaginar, cuando lo miramos con los ojos entornados, con disimulo y mediante el desenfoque que nos abre otras posibilidades de visión.

Lo oculto aparece como una trama que anuda las grandes líneas visibles de la apariencia con las que parten hacia direcciones diferentes, distantes y opuestas, pues desde la oscuridad anónima de lo que se esconde, entramos en los dominios del lenguaje matriz de las culturas terráqueas, referidas al mundo de los humanos y al de los animales, las plantas y los minerales. Podríamos comparar esta trama-nudo con las raíces de los árboles, que sustentan la fachada arbórea tirando líneas por todas las direcciones desde el subsuelo. En ambos casos se suman razones de nutrición, de relación, de intercambio, de ensayo y hasta de aprendizaje. También las raíces establecen la relación entre la floritura despampanante de la apariencia exterior con el enraizamiento en una parte del suelo terráqueo. En la nutrición, identidad. En la exhibición y la reproducción, lo exterior se abre al intercambio y a la dispersión.

De ahí que nuestro método sea una oscilación constante entre lo que se ve y lo que no se ve, entre lo que la apariencia nos propone con ansias posesivas, y lo que lo invisible nos obliga a imaginar y a inventar. Lo podríamos denominar como el método de la libertad humana, pues el contrapunto de lo invisible nos da espacio para respirar los aires libres de lo que no está escrito o, en todo caso, ‘poco escrito’. Lo oculto nos abre las puertas a la aportación subjetiva, la posibilidad de intervenir en la realidad, a modo de pequeños y tímidos creadores de lo sutil.

La Tía Norica, de Cádiz.
¿Acaso no es esa pulsión secreta la que se oculta en el ansia de tanto turista atraído por los fulgores de las ricas y espectaculares apariencias del Mosaico Ibérico, esta reserva natural de las diferencias festivas y culturales incrustada en el rincón sud-occidental de Europa? Los visitantes, sean cultos o incultos, buscan todos lo mismo: captar los destellos de lo invisible que se esconde en los fastos de la apariencia. Es una búsqueda inconsciente la mayoría de las veces, incluso programada por las agencias y los tours operators, pero real y presente. Claro que también buscan otras cosas, pero la atracción principal de lo ‘diferente’ es el secreto oculto que hay que captar -oportunamente empaquetado y vendido por la industria turística para mayor comodidad de los perezosos. El souvenir cumple con esta función de ofrecer a buenos precios un ‘rastro’ de lo diferente oculto que hemos ido a buscar. Sucedáneos que sin embargo dan pistas y ayudan a 'intuir lo invisible'.

Entre la apariencia y lo oculto se abren mundos fascinantes, privados y subjetivos, adaptados a la imaginación y el sello particular de cada uno. Nuestro objetivo en este paseo por el Mosaico Ibérico será un simple y modesto abrir compuertas, aprovechar las fisuras para poner en ellas la palanca sutil de la visión oblicua que lo hace todo diferente y singular.

Quizás sólo para ver cómo desde la más radical diferencia de lo singular subjetivo es posible comprender y sentir aquello invisible que nos une.

Presentación

La Península Ibérica constituye, para quienes amamos el cultivo de lo excéntrico, un paraíso insólito y una espléndida reserva natural de las Diferencias. Hablamos de los aspectos más vistosos de la imaginería festiva y de la cultura popular, en todos sus múltiples variantes, que son casi infinitas: el mundo de los gigantes y cabezudos, las arcaicas tradiciones de máscaras que aún perviven, las fiestas singulares de viejo o nuevo cuño, los toros, la Semana Santa, los Diablos, las Fallas, los animales que escupen fuego, las fiestas de Moros y Cristiano, los Rastros, y un largo etcétera de singularidades sin fin.

Santos por vestir. Museo de San Roque, Lisboa.

En pocos lugares del mundo se conserva tal cantidad de ocurrencias populares, de raíces centenarias o simplemente acabadas de inventar, que tienen que ver con el mundo de la cultura, de la fiesta y de las imágenes, y que cuentan con una participación masiva de gente, local y de afuera. Una riqueza que se halla además protegida por las administraciones, que la ven como fuente segura de ingresos e inversiones, y que encuentra en el turismo su mayor apoyo y justificación.

Es el Festival de las Diferencias que compiten entre sí para asegurar e imponer cada una su singularidad, que es tanto como decir ‘su riqueza’. A nadie molesta esta exacerbación de lo distintivo, por el contrario, interesa y hace partícipes a todos, ricos y pobres, autoridades y pueblo, funcionarios y ciudadanos desamparados, empresarios y trabajadores, civiles, guardias y militares, pues el disfrute de la extravagancia y de lo diferente une sin distinción al común de los mortales.

Si sumamos al cuadro de las excentricidades festivas las demás singularidades del entramado peninsular, culturales, sociales y políticas, el resultado es la imagen de una burbujeante taracea que nos lleva al dinámico Mosaico Ibérico: un poderoso, único y vivo laboratorio de las diferencias.

Para abordarlo, hemos seguido dos procedimientos. Primero, la maravilla: dejarnos sorprender por el impacto de los eventos, sin buscar más explicaciones racionales e históricas que las justas y necesarias para entenderlos. Ni somos antropólogos ni folcloristas ni historiadores de la cultura, sino simples observadores que, acostumbrados al quehacer titiritero, buscamos el secreto poético y creativo de este fantástico dispendio de la imaginación humana.

En segundo lugar, procedemos con una mínima clasificación inicial que nos ha parecido útil para encauzar el caos variopinto del Mosaico Ibérico, con el capítulo inicial 'Entre la Vida y la Muerte', que nos habla de una de las temáticas más importantes que recorre el conjunto, el relativo a la muerte y a la resurrección de la vida, y que en cierta manera podría encabezar la totalidad de los textos, pues lo que no se centra en el morir se centra en la exaltación del vivir.

Una clasificación que se nos antoja útil para empezar, pero que dejará de servir en cuanto se sumen los textos sin orden ni concierto. Pues tal es nuestra idea y nuestro objetivo: componer un Mosaico Ibérico que nos hable de lo múltiple y lo dispar, y que nos abra las puertas a comprender esta evidencia que sin embargo todavía no lo es para el común de los mortales: que las diferencias, lejos de separar, unen.

De ahí que hayamos subtitulado este trabajo con la tríada: Libertad, Alteridad, Fraternidad. Una pequeña modificación  de la famosa proclama de la Revolución Francesa: substituir la Igualdad por la Alteridad. Una igualdad que nos condujo a las naciones y a las guerras entre ellas, pues la fraternidad sólo se entendía entre los que se sentían iguales. Hoy, la Fraternidad debe aplicarse entre los que se sienten diferentes. Un paso adelante en la revolución libertaria que se inició con la Modernidad y que debe continuar por nuevas bases de civilización.

 Museu de la Festa de Moros y Cristianos, Alcoy

El Mosaico Ibérico continúa el trabajo que Toni Rumbau inició con Rutas de Polichinela. En ambos, se persigue el mismo objetivo: mostrar como el mapa de las diferencias junta ideas y une a las personas. Primero fue Polichinela, este arquetipo europeo de rebeldía y libertad que con caras, nombres e historias diferentes, habla en toda Europa un mismo lenguaje. Se centra ahora el autor en el laberinto de las ocurrencias culturales, humanas y festivas, ese común denominador que recorre la Península Ibérica.

Ovar

Azulejos del Museu de Ovar. Tiene Ovar unos 17.000 habitantes, situada en el districto de Aveiro, en Portugal. Ciudad pequeña pero...